«No hay que dejar tus sueños a un lado»

Jessica Hernández, una vida que merece ser contada

Jessica Fernández contando su historia en la ONU.

Leo su historia en el periódico. Jessica Hernández, boliviana. Vive en una chabola en Soacha, en el extrarradio de Bogotá con cuatro hijos a su cargo. Está sola y sus ingresos son mínimos. Pero un día se le ocurre una idea: alquilar su lavadora, uno de eso modelos baratos, hechos con materiales plásticos. Con un peso más o menos asumible. Porque debe acarrearla a sus espaldas, no le queda más tutía.

Jessica trasportando la lavadora para alquilarla a sus vecinos.

Comienza a alquilar la lavadora a los vecinos a 2.000 pesos la hora  y 5.000 las tres horas. Y el negocio funciona. Tanto, que se atreve a pedir un microcrédito. Con los 120 euros que le dan, compra más lavadoras. Pero sus pulmones comienzan a resentirse. Así que piensa de nuevo. Paga el primer microcrédito y pide otro, esta vez de 1.000.000 de pesos. Con él abre un taller de ropa infantil. Sigue manteniendo el alquiler de lavadoras, ofrece las prendas a domicilio y trabaja por horas en una empresa para la que envasa fruta.  Así consigue ingresar unos 223 €, más o menos el equivalente al salario mínimo de Colombia. Ahora vive bajo un techo sin goteras, sigue sin tener agua corriente, pero tiene hermoso frigorífico (uno de sus sueños) y se prepara para estudiar confección industrial. El pasado lunes, con 28 años, habló en el ONU de microfinanzas.

El mismo lunes en el que yo asistía a un evento organizado por el Ayuntamiento de Bilbao, un acto de reconocimiento a los emprendedores que hemos creado nuevas empresas y comercios con su ayuda. Exactamente, ciento treinta en el último año. De éstas, x las habían puesto en marcha hombres,  e y las habíamos puesto en marcha mujeres. Desconozco el número que se esconde tras x e y, pero, a ojo de buen cubero, x superaba a y. Lo de siempre.

Como esta elemental reflexión despertó mi curiosidad sobre el tema, me fui a Internet a buscar datos con hermosos números estadísticos. En España, según el último informe de GEM -Global Entrepreneurship Monitor- publicado a finales del año pasado, la brecha entre hombre y mujeres emprendedores disminuyó en 2016 -último año que recoge el estudio-, un 6,5 % (44,3% mujeres frente a 55,7% hombres).  ¿Son buenas estas cifras?

La TEA -Tasa de Actividad Emprendedora- femenina oscila entre el 3% de países como Alemania o Francia, al 37% en Senegal (en España, 4,7%). Y es que hay muchas más Jessicas Hernández en los países en desarrollo que en los países postindustriales. Solo en cinco países del Sudeste asiático y en América Latina la tasa femenina de emprendedoras es, incluso, superior al de los hombres.

Y ahí llegamos al quid de la cuestión. ¿Por qué en los países donde la tasa de educación femenina es más alta  hay tan pocas mujeres que se creen capaces de emprender? (porque no solo es cuestión de no-necesidad, no-pobreza, no-hambre)

Unas palabras de de Ingrid Vanderveldt de Empowering a Billion Women by 2020 (EBW) nos dan la clave: “los hombres no esperan a tener todos los recursos o la información para crear empresas, simplemente se lanzan y no se lo piensan. Por el contrario, las mujeres quieren estar totalmente preparadas y conocer al 100% aquello de lo que hablan”.

La necesidad de tener todo bajo control no limita, sin embargo, a mujeres muchos menos preparadas, que se convierten en ejemplos a seguir.  Oigo a Jessica en la ONU: “A veces cuando una tiene hijos tiene que aplazar las cosas, pero eso no quiere decir que tenga que dejar sus sueños a un lado”.

8 de marzo de 20018.

Invitados a XIV Encuentro Empresarial, gala organizada por el Ayuntamiento de Bilbao para homenajear a los emprendedores.

 

 

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