«Creo que Viriditas puede disfrutarse a muchos niveles diferentes»

Una cualidad contagiosa de la bióloga Aina S. Erice es el entusiasmo con el que se expresa: bien sea en los ensayos o artículos que escribe, en las redes sociales, o en el podcast La senda de las plantas perdidas, que dirige y produce. Así que Viriditas, su último libro publicado -un libro recomendable para todo tipo de públicos, aunque pensado especialmente para los más jóvenes- no podía escapar a ese manera apasionada de transmitir el conocimiento. En este caso, dieciséis historias de mujeres de tiempos y lugares muy diferentes que quisieron saber más sobre las plantas, estas compañeras verdes que hacen posible la vida.

Aina S. Erice, autora de Viriditas.

-¿Cómo surgió la idea de escribir este libro?

El núcleo original, ese granito de arena alrededor del cual fueron depositándose luego las capas de nácar hasta formar la pequeña perla que nos ha salido, lo aportó Teresa, la editora visionaria que está detrás de A Fin de Cuentos. Ya le habíamos dado vueltas a la idea de escribir algo sobre mujeres, pero no fue hasta que las plantas se unieron a la fiesta, que todo cuajó y empezó a fluir.

 

-Son dieciséis las mujeres cuyas biografías forman parte de Viriditas. ¿Cuál ha sido el criterio de selección?

Hemos intentado que fuese un grupo lo más heterogéneo posible, tanto a nivel temporal como geográfico, para subrayar la idea de que en todas partes y en todos los momentos históricos ha habido mujeres que se acercaron al reino vegetal con curiosidad, y de cuyo acercamiento brotó algo digno de ser contado.

Sin embargo, y teniendo en cuenta las fuentes de las que bebemos para conocer las vidas de estas mujeres, hay sesgos difíciles de eliminar: por ejemplo, hay más mujeres europeas que del resto del mundo, y la mayoría de biografías son de la época moderna y contemporánea (entre 1700 y la actualidad), porque la información de la que disponemos es mucho mejor.

 

– Háblanos de esa íntima relación que mujeres y plantas han mantenido a lo largo del tiempo.

Las mujeres han sido, durante mucho tiempo y en muchas culturas, quienes se encargaban de actividades íntimamente ligadas al mundo vegetal, empezando por las curas domésticas, la cocina y la recolección: el botiquín casero, la despensa y el huerto familiar han sido entornos propicios para el desarrollo de una profunda intimidad entre mujeres y reino vegetal.

Por otro lado, las mujeres hemos sido comparadas con plantas desde hace muchos siglos, pues la cultura (muchas veces de impronta patriarcal) se ha fijado en características “comunes”, como la belleza o la delicadeza: ¿cuántas poesías se han escrito comparando la hermosura femenina con tal o cual flor? Por otra parte, el ser vegetal es extraño, imprevisible, rehúye tanto las categorías de pensamiento animal  (no racional) como del ser humano. Al igual que las mujeres se veían como un quiero-y-no-puedo en comparación con los hombres, las plantas se han visto como seres inferiores a los animales. Y, aunque nos cuesta deshacernos de este bagaje intelectual y moral, tanto en lo tocante a la mujer como en lo que al vegetal se refiere, vamos mejorando…

– ¿Por qué este título y qué significa?

El título hace referencia a un concepto filosófico y teológico de una de las grandes mujeres incluidas en el libro, la abadesa germana Hildegarda de Bingen. Hildegarda, una fuera de serie en todos los sentidos, fue religiosa, mística, compositora… además de interesarse por el mundo vegetal y sus usos medicinales.

En su sistema teológico, Hildegarda propuso el concepto de viriditas, que entronca con todo lo verde y vigoroso, y lo usó para referirse al poder divino que permeaba toda la tierra y toda la materia viva. Y nos pareció que le calzaba como anillo al dedo a un libro que es homenaje a ese poder, que brota en los seres más humildes y, a veces, denostados.

 

– ¿El campo de la botánica ha sido tan machista como cualquier otro del saber científico o ha dejado resquicios para que las mujeres pudieran trabajar?

Digamos que, en cierto modo, ambas cosas son ciertas.

El estudio de las plantas (que, hasta hace relativamente pocos siglos, no se consideraba menester de botánicos sino de médicos, boticarios o, a lo sumo, historiadores naturales) ha sido un campo machista, sin duda alguna. Pero también es cierto que, sobre todo a partir del s. XVIII, la botánica se consideraba uno de los campos científicos más “aptos” para la constitución femenina, con pocos sobresaltos y esfuerzos potencialmente perjudiciales para la “delicada” salud de una mujer.

Eso no significa que las mujeres que querían dedicarse a las plantas lo tuviesen fácil, pero probablemente era más sencillo instalarse en algún resquicio de estudio botánico, que embarcarse en una expedición hacia los casquetes polares para estudiar mamíferos marinos…

 

– Al comenzar el libro haces esta afirmación: A todo el mundo le gustan las plantas. ¿Crees que es así realmente?

¡Por supuesto!

Creo que no todo el mundo sabe que le gustan, y quizás no a todo el mundo le interesen en sí mismas, pero… ¿gustar? Aún no he conocido a alguien que no disfrute del chocolate, o de las palomitas de maíz, o de los macarrones con tomate.

Eva de la Gardie.

– ¿Cómo se estructura el contenido?

El libro está dividido en distintos bloques temáticos, que en su mayoría atañen al tipo de relación entablada con la planta: tenemos mujeres que se ocuparon de plantas medicinales (bloque 1); mujeres interesadas en dibujar plantas (bloque 2); mujeres que estudiaron plantas comestibles (bloque 5)…

Otras historias, en cambio, las reunimos en un mismo bloque porque las mujeres se enfrentaron a experiencias o desafíos similares: largos viajes en pos de plantas (bloque 3); el trabajo (más o menos frustrante) a la sombra de colegas masculinos (bloque 4); o el resurgir de botánicas en geografías y culturas “periféricas”, gracias a la armoniosa hibridación entre ciencia occidental, y orgullo y conocimientos locales (bloque 6).

 

– ¿Por qué razones recomendarías Viriditas?

Aunque no soy objetiva, je je je, creo que Viriditas puede disfrutarse a muchos niveles.

Como herramienta docente creo que es un excelente punto de partida no solo para aprender, sino también para reflexionar sobre el pasado, nuestra relación como mujeres con las plantas, los desafíos a los que nos hemos enfrentado, cómo los hemos superado (o no), enriqueciendo a la humanidad en el proceso. Y sobre cómo se escribe y se piensa la historia y las personas que vivieron circunstancias muy distintas a las nuestras, con una mirada que debe ser crítica y compasiva a la vez.

Como texto lúdico destinado a cualquier personita que busca divertirse, sin pretensiones “de gente mayor”, confío en que la lectura ofrezca curiosidades e historias tan sorprendentes como entretenidas. Seguramente atraiga a más chicas que chicos, por la temática, pero me gusta pensar que vamos hacia un mundo en que también los niños se interesarán por estas historias porque, al fin y al cabo, también son suyas.

Y, como objeto estético, creo que cualquier página de la obra podría colgarse en el salón para decorar, la verdad.

– ¿Qué te parecen las ilustraciones de Amanda?

Asistir al desarrollo del proyecto gráfico del libro a lo largo de los meses ha sido una experiencia fascinante y trepidante, viendo cómo tomaban forma las mujeres y las plantas que las acompañan con un lenguaje visual delicado y bello. Como es lógico, tengo mis ilustraciones preferidas, tanto de mujeres como de plantas, pero todas han quedado francamente deslumbrantes, y con una paleta de colores que me encanta, pues me hace pensar en los herbarios antiguos que muchas de las mujeres de Viriditas ilustraron. A Amanda le debemos, además, la gran riqueza de animalillos que pululan por las páginas de Viriditas, desde escarabajos y colibríes hasta hormiguitas y lagartijas, y que convierten al libro en una obra más biodiversa e interesante.

 

-Eres una bióloga que se dedica a la divulgación desde diversos ámbitos. ¿Qué diferencias encuentras entre escribir en las redes sociales, un podcast, un ensayo para adultos o un libro para público más joven?

El punto de partida siempre es el mismo: de esta planta o tema vegetófilo, ¿qué es lo que me parece más interesante, fascinante, tan fantástico que no puedo evitar compartirlo?

Si no soy capaz de entusiasmarme contándolo, no vale la pena continuar.

Ahora, según a quién vaya destinado y en qué medio esté comunicando, la forma de contarlo puede cambiar mucho. En general, las piezas destinadas a un público adulto presuponen el interés de la persona que te lee o escucha; el público infantil, en cambio, a veces es público cautivo que está ahí, pero no por su propia voluntad, conque el esfuerzo para despertar su curiosidad es mayor (y probablemente no les hable del metabolismo CAM o de los sistemas de reproducción de las higueras… aunque, oye, nunca se sabe).

En audio y en redes me permito más coloquialismos y expresiones informales, mientras que intento ser un poco más formal en artículos escritos, y me permito algún que otro vuelo poético… pero, en general y en lo tocante a divulgación, me siento incapaz de tomarme a mí misma demasiado en serio, y a menudo me sale la vena humorística, porque si dejamos que el estado del mundo a nuestro alrededor nos deprima o nos robe la sonrisa, ¿cómo vamos a mejorarlo?

Artemisa.

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