«Un buen ilustrador crea un modo único de ver la realidad»

 

Roger Olmos, ilustrador de El abecedario de Nico y Arturo.

Roger Olmos considera que un buen ilustrador se caracteriza porque, haga lo que haga, siempre se le reconoce. Lo cual, sin duda, es su caso. Con casi cien libros a sus espaldas, el estilo de Olmos, su armónica paleta de colores, que en ocasiones vira hacia las tinieblas, las inconfundibles cabezas que portan (y soportan) sus personajes, las atmósferas en las que los envuelve, a caballo entre el realismo y el surrealismo, nos remiten siempre a un autor que cambia libro a libro, para ser él mismo.

 

-¿Cómo abordaste El abecedario de Nico y Arturo?

Para encontrar a los personajes hablé con Ana López, la autora, y me comentó que los personajes del libro estaban inspirados en sus hijos. Le pregunté cómo eran e hice un perfil un poco alocado del más pequeño por oposición al mayor, más responsable. La idea era también que fuera muy dinámico, que tuviera movimientos exagerados y que pareciera cómo que estuviesen chillando todo el rato, con mucho entusiasmo en cada una de las letras, sobre todo, para aumentar el énfasis en cuanto al aprendizaje que estaba teniendo el pequeño con respecto a lo que le enseñaba el grande. Tenía muy claro que tenía que ser todo de colores bastante vivos y de qué, a poco que la letra me ofreciese la oportunidad, hacer algo en movimiento y “luchar” para que todo cupiese en ese espacio tan reducido.

 

Arturo y Nico, los protagonistas.

¿Cuál es la idea que inspira tu trabajo en este libro?

Un poco lo que ya te he comentado: quería que fuera dinámico, que la imagen fuera en movimiento, que pese al poco margen que tenía por la cantidad de texto y porque lo que tenía que representar eran cosas muy grandes (cosas del universo, planetas, olas, el mar…) debía buscar elementos que fueran como muy locos, que a la vez se fijasen en el texto y que diesen, sobre todo, movimiento.

 

-¿Qué técnica utilizaste?

Es todo óleo, óleo sobre un papel que preparo con una base para que la pintura pueda resbalar bien y conseguir los efectos que  busco.

 

-¿Hay alguna ilustración en él por la que sientas un apego especial y por qué?

Bueno, por decir una en particular, me gusta la del fósil, quizá porque en mi etapa de ilustrador científico me gustaba mucho dibujar huesos. Sí, el fósil me gusta, el dinosaurio ese, un poco loco.

 

El fósil *loco» de dinosaurio.

 

-En este libro, las ilustraciones fueron sucediéndose con rapidez, ¿trabajas siempre así o hay proyectos en los que te has atascado?; en caso de respuesta afirmativa, ¿qué haces para salir del bache?

Sí, las ideas me vienen muy rápido siempre. Soy una persona que está todo el tiempo pensando y todo lo que pienso, lo pienso en imágenes. Aprovecho el desayuno, la salida con el perro o cualquier ocasión para estar pensando las escenas.

Cuando me atasco, salgo del estudio y me voy a correr, a entrenar, al cine…, salgo, salgo del estudio. Me gusta tener gente alrededor. Antes, cuando se podía, me iba a los bares a esbozar; me sentaba en el bar, pedía el café y con una libreta y un bolígrafo. allí me venían las ideas.

 

Primeros bocetos para «El abecedario de Nico y Arturo».

-¿Dónde buscas la inspiración?

En todos los lados. desde un libro, hasta una película, un paisaje… También la inspiración sale de la memoria que vas acumulando durante tanto tiempo, que se mezcla con tu manera de ser y de pensar. Todo eso hace una especie de mejunje que crea formas deformes que solo hay que moldear un poco e ir “convirtiéndolas” en ideas. Fíjate que en el ilustrador que hace su trabajo, hay como un 60-70% de su personalidad ahí dentro. Y es que, en parte, como siempre decimos los ilustradores, nuestro trabajo es una terapia.

-Has trabajado mucho para editoriales italianas, ¿cómo empezó esta fértil relación?

Lo de Italia me vino porque me contactó Lina, la que es ahora mi mecenas en Italia (podemos llamarla así), la editora de Logos Edizioni y bueno, ahora somos amigos y ¡eso que sacamos como dos o tres libros al año!, libros que siempre presentamos allí. Tiene una manera muy especial de relacionarse con sus autores y autoras: básicamente crea un amplio catálogo, crea un mercado de esa autora o autor y de ese estilo especial que ella busca.  A raíz de ella, otras editoriales también me cogieron, pero básicamente quien me tiene todo copado es Logos Edizioni  y me encanta porque me da una libertad brutal.

 

«El abecedario de Nico y Arturo», editado en formato acordeón.

-¿Cuál crees que es la base de todo buen ilustrador?

Creo que la base de todo buen ilustrador es ser uno mismo, no dejarse arrastrar por modas, no dejarse arrastrar por los que triunfan más. Ofrecer algo que pocos puedan ofrecer, en el sentido de que sea una visión muy personal que venga mezclada con tus propias vivencias, tus propios traumas, tus propias alegrías, lo que crea un modo de ver la realidad único. Y no solamente dedicarte a representar con una imagen aquello que te hacen ilustrar, sino darles segundas o terceras lecturas y que, hagas lo que hagas, siempre se te reconozca.

 

-Has ejercido de profesor en numerosos cursos, ¿cuáles son las principales ideas que buscas transmitir a tus alumnos?

En todos los cursos que hago básicamente lo que intento es buscar que sean ellos mismos, sacarles lo mejor, intentar adivinar y ver cuáles son sus vicios, sacarlos de su zona de confort y que vayan más allá de querer representar la escena de un modo literal. Les hago ver entre bambalinas qué es lo que están ilustrando y qué más pueden ofrecer ellos, que pueden aportar a ese texto o a cualquier proyecto que se les ponga por delante. Y también que confíen en ellos mismos: ser siempre positivo, constructivo, y darles herramientas para que ellos cuando salgan ahí fuera sepan defenderse y defender sobre todo su trabajo, que es lo importante.

 

“La leyenda de ZUM” de Txabi y Arnal Gil, publica Nubeocho.

-Hace ya 20 años que publicaste tu primer libro. ¿Cómo resumirías a alguien que no conozca tu obra estos veinte años de trabajo?

Pues estos 20 años de trabajo los resumiría como… un dolor de espalda (risas). No sé, a ver, mucha satisfacción, he trabajado tantos años en algo que me encanta hacer y, claro, hay buenos y malos momentos, no deja de ser un trabajo y… dentro de lo bonito que es realizar esta labor, lo peor es esa sensación de estar siempre y ¿mañana que pasará? Pero el hecho de que lo que tú dibujes y según cómo lo trabajes, cause sensación y a la gente le guste…, no sé…, me llena mucho. Pero lo más importante es que es un proceso de aprendizaje eterno. No por muchos años que lleves te puedes dar por enterado. Sí, sabrás cosas, acumularás experiencia, pero no puedes bajar nunca la guardia.

Llevo veinte años pero todavía tengo la sensación de acabar de salir de la escuela porque nunca siento que lo estoy haciendo cpmo realmente me gustaría y siempre quiero hacerlo mejor, mejor, mejor. Te ponen obstáculos, hay muchas vallas que saltar y hay veces que te llega algo que dices, aquí me puedo lucir, y hay otras que te puedes lucir menos, pero da igual, hay que intentar dar lo mejor de uno mismo. Estos años se me han pasado volando, volando.

¿Qué es lo que va a ver ahí alguien que no conozca mi obra? Pues a mí y ya está.

-¿En qué trabajas actualmente?

Aun con este año de pandemia he sacado como seis libros porque he aprendido a trabajar muy deprisa y tener las cosas muy claras. No me pierdo demasiado en esbozos y enseguida lo tengo claro. Precisamente ahora va a salir un libro que acabé hace poco sobre las relaciones inter-especie, la historia un hombre que vive en la calle con su perro y como éste es capaz de renunciar a todo por seguir con él y no abandonarlo. También hay otra lectura, la de cómo alguien que se encuentra en la calle con el único ser que no le ha abandonado nunca que es un animal, ve que no puede acceder a los servicios básicos (hospitales, duchas públicas o el servicio de un bar) porque no le dejan entrar con el perro. El perro para él es su hijo y es lo único que está siempre ahí y le hace compañía, quiero subrayar esa importancia. Saldrá de aquí a poco, también en Italia.

 

#AMICIperlaPELLE, próximo libro de Roger Olmos con Logos Edizioni.

-Para terminar, tu obra no se entiende sin tu compromiso en defensa de los animales, ¿qué te gustaría añadir sobre esto?

Es una larga, larga lucha, y algo que siempre intento meter en la cabeza de editores y autores en el sentido que los animales siempre han sido siempre grandes protagonistas en la literatura infantil y juvenil. Algunos de los temas más recurrentes son los circos, los zoos, las granjas y siempre se representa a los animales como felices allí dentro y mi lucha, al menos lo que yo intento, es hacer ver que son prisiones, que son campos de concentración, que son centros de tortura  porque el mensaje que se suele dar es que el contrario. Aunque ahora con Internet ya se está viendo la realidad sobre estos lugares.

Básicamente lo que yo hago es esto: no realizar libros en los que se ensalce o vanaglorie este tipo de instalaciones, lugares que hay que mostrar porque existen, pero no subrayarlos como algo genial, sino como algo que hay que cambiar. Así te lo resumo.

“Happy Meat” de Logos Edizioni.

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