Podría parecer muchos de los alimentos que comemos casi a diario han estado siempre ahí. Al alcance de nuestra mano. Las aceitunas en los olivos, los tomates en la tomatera, la harina esperando a que venga el panadero y la convierta en pan. Pero no. Para tener tantos alimentos en nuestra despensa, hombres y mujeres, a lo largo de miles de años, tuvieron que pelear duro.

Trabajar hasta desfallecer para cuidar las plantas. Salir a conquistar territorios, coger lo que los enemigos comían y traerlo a casa. Atreverse a ir siempre más allá, a pesar de mares desconocidos, montañas, selvas, desiertos, animales salvajes y enfermedades. Acostumbrar el paladar a sabores extraños y, a veces, repugnantes. Y pensar, pensar mucho: para mejorar las plantas, para aprender a regarlas, para plantarlas en nuevos lugares, para que cada cosecha diera más frutos….

Gracias al esfuerzo de tanta gente anónima, el trigo, el olivo, el arroz, la vid, el café, la caña de azúcar, el plátano, la pimienta, el maíz, el pimiento, la patata, el cacao, el tomate, la vainilla y la alubia empezaron a formar parte de nuestra dieta. Nos hicieron más fuertes. Y, mejor alimentada, la población de la Tierra creció y creció.

Hasta hoy. En que todo ese esfuerzo puede irse por la borda. El cambio climático amenaza la agricultura pintando negros nubarrones sobre muchos de estos alimentos. ¿Seremos capaces de tomar las medidas adecuadas a tiempo?

Todo esto es lo que cuenta este libro con una prosa fresca, clara y asequible para niños y mayores, con las preciosas ilustraciones de Flavia Zorrilla. Además, incluye infografías, citas y recetas para los lectores más cocinillas.